Libertades individuales y copyright


[No recuerdo de dónde saqué la foto, pero si alguien me lo dice le pongo crédito.]

Es cuando menos curioso el caso de Rafael Mayoral del que supe hace unos días, gracias a David Bravo.

Rafael Mayoral fue (me pregunto si lo sigue siendo, el verbo en pasado vi en Público) responsable de TodoTorrente.com. Esa página fue objeto de una denuncia, como otras tantas del estilo, que, de nuevo como otras tantas del estilo, acabó sobreseída y sin encontrar al denunciado culpable de nada. Este caso concreto fue sobreseído en noviembre de 2008. Hasta aquí nada nuevo.

Lo nuevo viene cuando hace unas semanas este señor acude al cine, como tanta otra gente, y al salir es detenido por el personal de seguridad del cine que, llamándolo por su nombre y apellidos, le pide que muestre el contenido de su mochila para verificar que no lleva videocámaras y que no ha grabado la película.

Brutal, ¿no creen? ¿quién da al cine información sobre mi persona, mi nombre y apellidos, mi foto? ¿Por qué el cine puede realizar, sin policía ni orden judicial de por medio, seguimiento de personas cualesquiera? Aún no se sabe quién dio al cine el nombre, apellidos y la foto de esa persona, aunque todo hace suponer que salieron de un expediente policial (desconozco si público con objeto de la investigación pasada que ya he mencionado y desconozco hasta qué punto público, caso de serlo).

A mí lo que me llama la atención es que las herramientas de vigilancia del Estado sean usadas con esta promiscuidad para hacer que problemas que para nosotros tienen una importancia menor (por todos los dioses, al 99% de la población se la trae al pairo que la gente se copie una película) sean tratados como un grave problema para la economía nacional (sic, nacional; para más escozor).

Y me preocupa porque hoy han acosado a este hombre por esto, pero mañana podrían molestar a cualquiera de nosotros vaya usted a saber por qué razón infundada/mentira tergiversada. Y me jode, como a cualquiera que respete mínimamente el derecho a vivir y dejar vivir. Es algo sobre lo que hablé largo y tendido en La sociedad de control: las leyes de propiedad intelectual son una fachada para reducir libertades. A estas alturas imagino que cada vez menos gente me cuestionará esa afirmación.