Conscientemente segmentamos la vida en segundos, minutos y horas que se concatenan para formar días, semanas y años. Nuestro inconsciente, esa parte del cerebro que nada entiende de matemáticas lo hace de otra forma: evalúa el tiempo pasado en función de las cosas que se vio forzado a recordar, en función de lo que aprendió, de lo que de nuevo se fio enfrentado a descubrir. Es una medición menos exacta, pero posee una importancia dramática, precisamente, porque la efectúa la parte de nuestra mente sobre la que nuestro control es más reducido.

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Foto: Bodegas de Bouza, Montevideo.]
Las cosas nuevas que vivimos nos impresionan y dejan en nuestro cerebro una huella profunda, la acumulación de las cuales nos produce una curiosa sensación de dilatación temporal.