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LinkedIn, espiando tu teléfono

La aplicación de LinkedIn para iOS (sí, ésa que fue aclamada por su diseño y porque está desarrollada casi 100% en HTML5) ha sido cogida enviando toda la info de tu agenda/calendario a sus servidores (vía Jorge Cortell).

Sería injusto decir que se han marcado «un Path». No hay mes en que no se descubra un caso similar, y es que quienes controlan las plataformas móviles (Apple, Google) compiten por atraer talento de desarrollo a su ecosistema y no están dispuestos a molestar a los desarrolladores poniéndole trabas en este aspecto.

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Carrier IQ, espionaje multiplataforma para móviles

Carrier IQ, en tu móvil aunque no lo sepas

Estos días no se habla de otra cosa, si todo apuntaba este verano a que el móvil marca tendencia en privacidad, el escándalo de Carrier IQ no hará sino acrecentar esta tendencia.

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Usar móviles para espiar lo que se teclea en un ordenador cercano

Introducir malware en un móvil o un ordenador para conseguir datos del usuario (desde información personal a un registro de lo que se va tecleando) no es algo nuevo. Usar un teléfono móvil para espiar lo que se teclea en un computador cercano tan sólo dejándolo sobre la misma mesa en la que reposa el teclado es una innovación bastante ingeniosa:

The accelerometers built into modern smartphones can sense keyboard vibrations and decipher complete sentences with up to 80% accuracy. (...) Most smartphones made in the past two years are sophisticated enough to launch this attack.

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Lo cool, lo libre y lo privado

Android y iPhone, los juguetes de moda. Todos quieren tenerlos, a cualquier precio. Y no estoy hablando de dinero, aunque renunciar a apoyar al software libre tenga sus consecuencias, sino de libertades.

Ni los sistemas son libres (iPhone es completamente cerrado y Android es personalizado y cerrado por las operadoras) ni se pone empeño e interés en que las aplicaciones que uno instala en estos sistemas sean libres, donde las grandes empresas de Internet logra un éxito al imponer pasarelas controladas por ellos y la cultura de pago propia del mundo de la telefonía móvil en un entorno tan acostumbrado a lo libre y a lo gratuito como el de los repositorios.

De esta forma, unos se alarman de que ciertas aplicaciones para Android enviaran información a los anunciantes. Y unos días después se repite la historia, esta vez entre los usuarios de iPhone. Y no puedo hacer más que pensar que la culpa no es de los anunciantes ni lo de los desarrolladores de software privativo, aunque su comportamiento sea en ocasiones dudosamente ético. La responsabilidad, y la culpa, es de los usuarios que renuncian a cualquier cosa para tener el dispositivo y el software de moda.

Cuando hablamos de software, lo cool, lo no libre, no te puede garantizar nunca el control sobre lo que de privado queda en tus comunicaciones (cada vez menos, si los Estados se salen con la suya). Y no es que libre sea automáticamente sinónimo de privacidad, pero el código libre se puede auditar y, no sólo eso, se puede modificar y, si fuera necesario, se puede forkear para dar nueva salida a un código que se descubra maligno.

Cuando uno instala software privativo sin considerar las implicaciones y acepta sin leer los términos de uso del mismo, no tiene demasiado hueco para la queja.

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iPhone y la indecencia política

Que me devuelvan mi dinero. Con el Estado al borde del colapso por falta de dinero, recortados los gastos en sanidad, educación, aprobada la reforma laboral, con el desempleo por las nubes y la cohesión social por los suelos, lo único que se le ocurre a los diputados españoles es autorregalarse un iPhone a cada uno de ellos. Porque un iPad es demasiado ostentoso, eso se lo dejamos a los eurodiputados. Eso sí: ni rastro de crítica al modelo ultracerrado, ultracontrolado, de Apple. Nosotros nos regalamos el gadget de moda, no importa que sea caro, no importa que sea un gesto insultante de ostentación y desconexión con la realidad de a pie. Y para qué hacernos preguntas sobre qué estamos apoyando. Si se lo van a gastar en iPhones, por favor: que me devuelvan el dinero de mis impuestos.

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Android, iPhone y el mal menor

Esta semana se celebró el circo autopromocional de Google, en él Google se ha dedicado a hablar de Android, y de camino a repartir cera sobre todo contra Apple y su iPhone.

Android

Mi opción preferida en cuanto a sistemas operativos para móviles es Maemo, que ahora pasa a llamarse MeeGo tras la fusión con Moblin, proyecto apadrinado por la Linux Foundation. Sin embargo, tras años usando Symbian creo que, sinceramente, Nokia tiene el rumbo perdido con ese sistema, y no acaba de tomarse en serio Maemo, para el que sólo hay un teléfono disponible que, para colmo, no podrá actualizarse a MeeGo cuando éste se publique.

Dicho esto y añadiendo que no me atraen las Blackberry sería, por tanto, una tontería negar que prefiero Android a iPhone OS, pues el primero al menos tiene un núcleo Linux, aunque venga tan capado que el simple hecho de ganar acceso como root te haga perder la garantía.

Con ese trasfondo es con el que he leído el post en Daring Fireball acerca del post-circo promocional de Google. Dice Gruber:

Es obvio que el SO de iPhone y los dispositivos Android están pavimentando el camino para un futuro post-PC, donde PC se refiere tanto a Mac como a Windows. La simplicidad de estos dispositivos móviles es su mayor fortaleza, pero también conlleva que no pueden hacer todo lo que un PC puede hacer. Los dispositivos con SO iPhone se apoyan en un PC, iTunes y sincronización vía USB para solventar esta diferencia. Los dispositivos con Android se apoyan en los servidores «de la nube».

Apoyarse en un pc equivale, ipso-facto, a no ser «post-PC», y el reto para Apple es que nunca han demostrado el tipo de conocimiento requerido para hacer esto a través de la nube. La sincronización al vuelo, el backup, y las actualizaciones del sistema necesitan ser algo que, tan sólo, sucede.

Vale la pena leer el artículo completo.

Lo primero que he pensado es que ése no puede ser el futuro de la informática. No me puedo creer que con el coste del hardware cada vez menor, el futuro sean dispositivos que no sean capaces de darnos la autonomía que a día de hoy nos da, por ejemplo, un portátil. Es como si el futuro de la cocina fueran los microondas. Evidentemente, para que eso cambie hace falta que la comunidad del software libre vuelva a ponerse al nivel.

Pero éste es el panorama. A falta de que Nokia y la Linux Foundation se pongan las pilas con MeeGo o Symbian sufra una revolución enorme, debemos escoger entre un mal menor: entre el modelo hipercerrado de Apple, al que el encantador de serpientes le pone un lazo y te lo vende como si fuera lo más, y el modelo algo mejor de Google, menos cerrado --aunque no tan libre como nos gustaría, no como MeeGo--, que apuesta, como de costumbre, por utilizar la infraestructura como ventaja competitiva, obteniendo de camino aún más información sobre nosotros.

Escoger el menor de dos problemas no es una elección agradable: significa que, a fin de cuentas, tienes un problema. Quizá uno menor, pero problema al fin y al cabo.

[Aviso: les recuerdo que tenemos un nodo de la RMD operando aquí al lado, que aquí están los miniposts que escribo ahí --que no salen aquí--. Si leen este blog con agrado, les recomiendo suscribirse a ese feed.]

¿Puede hacer esto tu martillo?

Dilbert tira teléfono

«¿Puede hacer esto tu teléfono?»

«A ver...»

BAM BAM BAM!

«¿Puede hacer esto tu martillo?»

Sí, sigo hasta los webos del iPhone y de que la gente quiera ser «exclusiva» a base de comprar todos lo mismo.

La tira es de Dilbert, claro.

Actualización (2008-10-30): Comparativa gráfica entre el iPhone y una piedra:

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