Enviado por Jose Alcántara el 14 de Marzo de 2013, a las 12:57
El artículo que publica Schneier sobre nacionalismo e Internet es una lectura imprescindible: describe cómo Internet prometía desterritorializar y acercar a las personas y, sin embargo, esa promesa está lejos de cumplirse cuando vemos el rampante nacionalismo en todos los frentes de la Red. Su diagnóstico: el poder descubre Internet y la quiere controlar, la opinión pública no se mueve con los hechos, sino con la retórica (y de ahí las continuas alusiones a la ciberguerra, aunque de momento no sea más que espionaje). Los perdedores: las personas, nosotros que vemos cómo hay 2 lobos (Estados y sus proveedores) y una oveja (las personas de a pie) votando democráticamente el menú de la cena.
Os dejo con el cierre y os recomiendo enfáticamente la lectura de la columna completa:
Enviado por Jose Alcántara el 26 de Marzo de 2012, a las 08:46
El progreso social contemplado con perspectiva histórica es un sendero de especialización. Internet, que en una mirada superficial parece suprimir la necesidad de especialización (al permitir conectar con proveedores de todo tipo), lleva esta necesidad de especialización un paso más allá. Cuando la conexión es global, p2p y masiva, la especialización alcanza un nuevo nivel, pues cuando hay menos lock-in y la competencia aumenta, sólo ser excelente te permite salir adelante en un entorno meritocrático.
La historia de la sociedad humana (y de un reducido número de especies más) es una historia de creciente especialización, de desarrollo de maestría a base de tesón y perseverancia. Es lo que Malcolm Gladwell denominó «la regla de las 10.000 horas» en su libro Outliers (2008).
Enviado por Jose Alcántara el 3 de Marzo de 2012, a las 11:35
«La confianza es relativa, fluida y multidimensional. Confío en Alice para que devuelva un préstamo de 10 dólares pero no uno de 10.000, en Bob para que devuelva un préstamo de 10.000 dólares pero no para que cuide a un bebé, en Carol para que cuide a un bebé pero no para cuidar la llave de mi casa, en Dave para que cuide mi casa pero no mis secretos íntimos, y en Ellen confío para que guarde mis secretos íntimos pero no para que devuelva un préstamo de 10 dólares. Me fío de Frank si un amigo lo avala, de un taxista en tanto me muestre su licencia y de Gail con tal de que no haya estado bebiendo. No confío a nadie la contraseña de mi ordenador.»
- Bruce Schneier, en Liars & Outliers.
¿Ha quedado claro?
Enviado por Jose Alcántara el 16 de Febrero de 2012, a las 20:13
Hay un aspecto que olvidé comentar en mi anterior post sobre Liars & Outliers y en el que estoy en gran desacuerdo con Schneier.
Llegado un momento, Schneier expone que tradicionalmente tanto la reputación del comprador como la del vendedor eran importantes, pero que al escalar la sociedad (y sobre todo, con el advenimiento del comercio electrónico), la reputación del comprador ya no es tan importante, mientras la del vendedor mantiene su valor. Esgrime el argumento de que por eso los sitios de compra-venta online suelen prestar mucha atención a la reputación del vendedor, y poca o ninguna a la del comprador, del que el vendedor no posee, generalmente, información previa.
Enviado por Jose Alcántara el 13 de Febrero de 2012, a las 09:09
Liars & Outliers es el nuevo libro de Bruce Schneier que recibí hace unas semanas por cortesía de Wiley. Aunque el libro sale a la venta en los próximos días, ya se puede pedir en pre-order y ciertamente si ya han leído otros libros de Schneier, seguramente no se arrepentirán de buscar este Liars & outliers. Pero antes de que nadie se aburra, vamos con algo de chicha sobre el libro :)
Enviado por Jose Alcántara el 10 de Enero de 2012, a las 11:46
Enviado por Jose Alcántara el 23 de Octubre de 2006, a las 13:43
La tormenta política sobre los picantes mensajes de texto del Senador republicano Mark Foley esconde otro asunto, el relativo a la privacidad. Nuestra sociedad se está convirtiendo rápidamente en una donde tus conversaciones íntimas pueden ser guardadas y hechas públicas más tarde. Esto representa una enorme pérdida de libertad y libertades, y el único modo de resolver este problema es a través de legislación adecuada.
La conversación diaria solía ser efímera. Daba igual que fuera cara a cara o por teléfono, podíamos estar razonablemente seguros de que lo que decíamos desaparecía tan rápido como lo decíamos. Por supuesto, los capos del crimen organizado se preocupaban por escuchas telefónicas y micrófonos escondidos, pero esa era la excepción. En el caso general, nuestra privacidad estaba ahí, la asumíamos como presente.