Videovigilancia

Experimentando con la letra escarlata para quienes no reciclen

Eso es precisamente lo que están haciendo un grupo de estudiantes de Newcastle. Leemos en TreeHugger:

If all your friends and peers could see what you were chucking into the trash, would you recycle more? Early reports from a dormitory experiment at England's Newcastle University suggest online "shaming" can be successful in increasing recycling rates, at least temporarily, but critics say the idea is too "Big Brother"-style for their tastes.

Four student households in the Newcastle residence halls have agreed to have sensor-triggered camera phones, or "BinCams," attached to the lids of their trash cans. The cameras take a picture each time the bin is closed and upload a photograph of its contents to Facebook, where fellow students can play trash monitor -- and take note of each others' junk-food-eating habits.

En la BBC, fuente de la noticia, relatan:

Everything the students throw into their bin is caught on camera and automatically uploaded to Facebook as part of an environmental challenge.

Escarnio público, humillación y marcado frente a los demás. Y lo llaman reto medioambiental.

¿Reto medioambiental? No, más bien reto totalitario, como siempre en el ámbito de lo medioambiental, donde se piden cosas que han de ser forzosamente normativas y, por tanto, impuestas. Y contribuyendo, de camino a desarrollar más tolerancia frente al control.

Aumentan las quejas ante la AEPD

La Agencia española de protección de datos gestionó durante 2009 un 75% más de denuncias (El País). Quizá no llegó a ser un tema central en la agenda pública, pero desde luego es una tendencia importante. La denuncias a causa de sistemas de videovigilancia que no cumplen la LOPD crecieron en torno al 100%, aún más que el crecimiento promedio (que ya fue bastante grande). Supongo que, digan lo que digan, la gente sigue queriendo algo de privacidad.

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La Junta subvencionando la videovigilancia en Málaga

Una noticia que leí ayer en la edición en papel del Diario Sur y que no había comentado, pero que me ha recordado hoy Artesano en su blog: la Junta de Andalucía subvencionará hasta el 50% de los costes (máximo 6.000 euros) de la instalación de videovigilancia en los locales. Pueden leerlo también en la web del Diario Sur.

Cabe preguntarse dos cosas: ¿quién ha convencido a la Junta de que en mitad de la crisis más grande, y justo cuando se van a subir impuestos indirectos como el IVA y los vinculados a carburantes, hay que gastarse una cantidad enorme de recursos en medidas que no aumentan nuestra seguridad? Algo ya probado en nuestras mismas calles malagueñas.

Si la vigilancia no mejora nuestra seguridad y es puro teatro, no vale la pena desperdiciar nuestro dinero: nos controlan más, estamos menos seguros y no tendremos el dinero disponible para cuando haya una emergencia real que requiera de gasto público.

Y tiene gracia que la Junta anuncie esto cuando ella misma está siendo demandada por la mala instalación de cámaras en edificios del centro de la ciudad.

Está claro que la industria de la seguridad nos lleva ventaja en lo que a comunicación directa con la administración. Tenemos mucho que mejorar si queremos frenar esta deriva.

La AGPD sanciona a la Junta por la videovigilancia en el centro de Málaga

Palacio de la aduana, por JCSC
[Foto JCSC]

Me avisa Daniel de una noticia aparecida en la revista El Observador en la cual se avisa de que la AGPD ha sancionado a la Junta de Andalucía porque la videovigilancia en la zona del palacio de la aduana capta imágenes de la calle y, por tanto, de los transeúntes y demás personas que simplemente pasan por la calle.

Argumenta la AGPD que dichas cámaras obtienen datos personales y que, para ser incorporadas al fichero correspondiente, deben constar con el consentimiento de las personas que pasan por allí, algo que no se puede acreditar en ningún momento.

Pues bien, dado que la Junta puede aún recurrir ante el tribunal más chanante del Estado (que no es otro que la Audiencia Nacional), ya les adelanto que soy poco optimista. La ley que regula la videovigilancia está llena de trampillas para garantizar que las administraciones públicas instalen videovigilancia donde les pite (hablando así en breve), con lo cual, y pese a que me gustaría, no creo que verdaderamente esto acabe con la Junta eliminando esas cámaras. Creo eso porque la ley no se hizo para nosotros, se hizo pensando en el Estado.

En todo caso, estaré atento a este caso que me cae tan cerca.

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¿Cuánta seguridad necesitamos?

¿Cuánta seguridad necesitamos?
¿Cuánta seguridad necesitamos?
Vota en las elecciones europeas del 7 de junio.

Esta foto fue tomada en Estocolmo el pasado finde y nos la ha enviado Sergio (que fue quien la tomó, ¡muchísimas gracias!). El cartel que podemos ver forma parte de la campaña institucional a favor del voto en las próximas elecciones europeas del 7 de junio.

Da envidia. Da mucha (mucha) envidia que allí la seguridad y las libertades sean parte coherente (y no como mero condimento de la política del miedo) del discurso político. Y los partidos políticos sólo se mueven por el interés. Lo que verdaderamente da envidia es que la seguridad y las libertades sea un tema capaz de movilizar al electorado (y de decidir su voto) en aquel país; algo tan evidente que hasta el poder parece haberse enterado.

En una Europa cada vez más totalitaria donde el estado del bienestar se tambalea, donde la institución más poderosa (sobre la que recae la iniciativa legislativa) no es elegida democráticamente, donde el p2p se utiliza como ariete para tumbar la libertad en la red, donde las comunicaciones son registradas y espiadas por cada vez más estados (entre ellos el sueco), que la campaña institucional se pregunte «¿cuánta seguridad necesitamos?» a la vez que enseña tres señales de peligro con la videocámara, la huella dactilar y un agente de policía me parece un ejercicio de reflexión sano y necesario.

En efecto, la seguridad no es algo que se pueda medir como una magnitud absoluta. La seguridad perfecta no existe (o quizá sí, pero entonces nos volvemos a la cueva y no salimos de ella en lo que nos reste de vida, si es que eso es vida). La seguridad es algo que alcanzamos tras sopesar el precio a pagar (en dinero y en libertades) por las medidas de seguridad a utilizar. Hace ya muchos años que los Estados han olvidado resolver esa ecuación, olvidándose de los costes en derechos civiles (difícilmente ponderables) y aprobando normas cada vez más restrictivas en nombre de una hipotética seguridad.

Olvidaron preguntarnos si estamos dispuestos a pagar ese precio. O quizá no lo olvidaron y lo que hicieron fue evitar la pregunta y obviar (de forma errónea) la respuesta.

Y el cartel me sigue dando envidia. Porque es un ejercicio de reflexión tan sano y a la vez tan profundamente irrealizable en mi contexto diario que da, como ya he dicho, mucha envidia.

Por lo demás, por ir terminando, y pese a que me parezca un ejercicio sanísimo, recomendable y hasta envidiable, estoy muy muy desesperanzado con la UE, sus instituciones, su falta de democracia y con el hecho de que nos estén arrebatando nuestras libertades. No creo que votar en unas elecciones que ni siquiera sirven para elegir la institución de mayor poder sirva para mucho (ni para poco). Es un timo democrático. Dicho esto, al menos me alegró que en alguna parte la seguridad y la privacidad estén en la agenda pública.

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Málaga y la videovigilancia sin sentido

videocámaraHoy un post glocal. Dos años después de que fueran instaladas las videocámaras del centro de Málaga, la policía llega a la conclusión de que no disminuyen los robos sino que los expulsan a las calles adyacentes. Lo cuenta 20 minutos y lo descubro gracias a Fernando Tricas.

Bien, ¿alguien se sorprende? Hace ya mucho que comentamos que en otras ciudades como Londres ya se ha llegado a conclusiones similares. También en Reino Unido, el aumento de vigilancia en los pubs «para evitar peleas» desembocó, así mismo, en un aumento de violencia doméstica, con lo cual se probó que tampoco este método estaba reduciendo la criminalidad en los pubs, sino trasladándola al hogar.

Curiosamente, y al hilo de esta noticia en Málaga, ayer leíamos en Rue89 que en algunas ciudades de Francia, como Amiens, se plantean ahora eliminar las videocámaras ya que mantenerlas cuesta un montón de dinero al erario(*) y tampoco han observado mejoras en la seguridad. Málaga incluso se plantea instalar más cámaras (se anunció hace algo más de un mes).

Y no me sorprende que en Málaga quieran instalar más cámaras, ya que a pesar de estos antecedentes que prueban ampliamente la ineficacia del sistema (y lo nocivo que es por el desperdicio de recursos que supone y la falsa sensación de seguridad que generan; el teatro de seguridad del que hemos hablado otras veces) se estima que la vigilancia ha crecido un 50% en estos dos últimos años.

¿Se puede estar gestionando peor todo este asunto de la videovigilancia?

Relacionado:
Y aún hay otra cuestión pendiente: aún podemos ver las videocámaras, ¿y el día en que no podamos verlas? (bien porque sean diminutas o bien porque desarrollemos tolerancia a las tecnologías de control).

Nota al pie:
(*). Erario. Porque se dice erario, y no erario público, como estoy harto de leer por ahí. El erario siempre es público. ¿Ha quedado claro? Ahora llámenme talibán lingüístico, pero tenía que aclarar eso porque me comen los demonios cada vez que leo erario público por ahí, como si hubiera erarios privados en alguna parte.

*** Editado para añadir (unos minutos después): Antonio Ortiz comenta el caso concreto de Málaga, también de forma glocal, y opina más o menos en el mismo sentido que yo.

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El día en que no podamos ver las videocámaras

Vivimos una época curiosa. La vigilancia a la que estamos sometidos crece incesantemente de la mano del estado que pretende defenderse a sí mismo de unos ciudadanos que ya no necesitan sus relatos épicos ni sus medios de comunicación centralizados y de las grandes corporaciones que se empeñan en convertir la vida privada de las personas en un producto comercial del que obtener mucho, muchísimo, dinero. Y todo ello sucede a pesar de que somos conscientes de ello.

Una de las amenazas más visibles para nuestra privacidad, desde luego no la única, que encuentra un mayor eco entre las personas que deciden oponerse a este control son las cámaras de vigilancia. Y eso es así precisamente porque somos conscientes de la instalación de nuevas cámaras. Simple y llanamente: las vemos. Las vemos en las paredes de nuestro edificio, en nuestras farolas, en nuestras carreteras. Las cámaras son visibles de una forma en que no lo son los chips RFID de nuestro pasaporte o toda esa información que almacenamos en servidores de grandes proveedores de servicio web. Tampoco las cookies malditas levantan los brazos para gritar que están ahí espiando y analizando cada click que hacemos.

Todas esas amenazas, excepto la videovigilancia, pasan muy inadvertidas en la agenda pública. Y ello se debe únicamente a que aún podemos ver las cámaras. Es posible que muchos no crean necesaria la protesta (el modo en que se nos venden estos sistemas de vigilancia está diseñado para ello), pero aún ésos son conscientes de que los sistemas de vigilancia están extendidos.

No es otra cosa sino la mera consciencia de su existencia el hecho que hace empuja a Facebook a las conversaciones sobre privacidad. Facebook puede representar un problema de privacidad, pero no es el peor al que nos enfrentamos. Es, y éste es el quid, uno de los que tenemos más presentes. Simplemente porque los vemos. Buscamos nuestro nombre y nos encontramos por ahí.

Volviendo al hilo. ¿Qué sucederá el día que no podamos ver los nuevos dispositivos de vigilancia instalados? Sencillamente, habremos perdido la ocasión de generar esa necesidad de defendernos contra esta reducción de nuestros derechos. Una vez estos sistemas (incluidas las aún visibles cámaras) pasen inadvertidas a una gran porción de población, la posibilidad de involucrar a estas personas en una defensa de sus derechos frente a este control serán pequeñísimas. Así fue en la ineficaz protesta contra la desmedida extensión de dispositivos y documentos oficiales con RFID.

Por eso me ha llamado la atención, de forma positiva, que en París los vecinos estén poniendo el grito en el cielo por la sustitución de los paneles publicitarios convencionales por otros que tienen cámara incorporada y están dotados de la posibilidad de ver quién los mira.

Los paneles pasan por ser simples herramientas optimizadas para la medición publicitaria y diseñadas para separarte mejor de tu dinero, pero son también herramientas de control que mal usadas, ponen a toda la población bajo una excesiva presión vigilante. Por cierto, este tipo de anuncios no son nuevos. Estoy seguro que hace mínimo dos o tres años que en ¿Quién vigila al vigilante? nos hablaron de ellos, pero no encontré el enlace. (Actualización, nos comentó Acalpixca y nos dejó los dos enlaces (primero y segundo) a este asunto. ¡mil gracias!)

¿Qué pasará el día en que nos instalen paneles con cámaras que sean aún más pequeñas y no podamos verlas? No protestaremos. No se puede protestar por aquello que no se conoce. Pero las cámaras nos verán pasar igual. Vigilantes, ojos mecánicos para un futuro mejor.

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