Enviado por Jose Alcántara el 7 de Octubre de 2011, a las 10:09
Una de las maravillas de la web es que resulta sencillo hacer aplicaciones interoperables entre plataformas. Esto es, podemos diseñar una página web, incluso una compleja aplicación web, y si nos atenemos al diseño con estándares, probablemente no habrá ningún problema para usarla, independientemente de que accedamos a la misma desde Linux, Windows, Mac, o nuestro móvil con Android o iOS. Como consecuencia de esto y del abandono al que Microsoft empujó a su Internet Explorer, se hizo un énfasis necesario en que lo que verdaderamente importa es el navegador, que es el cuello de botella que ha de ser capaz de entender los estándares.
Enviado por Jose Alcántara el 4 de Octubre de 2011, a las 09:44
La tecnología digital hace posible una vida más fácil, pero lograrlo no es un proceso inevitable. Debemos ser conscientes de que cada solución y acto que llevamos a cabo influye. Cada acto nos acerca, o aleja (si nos equivocamos), de ese futuro en el cual la tecnologíanos empodera y en la Red nos dotamos de autonomía para tomar el control de nuestras vidas. Para ir en la dirección correcta, es necesario retomar el control de nuestra presencia en la Red. Es un mensaje sencillo, hace una década habría resultado innecesario, ahora es urgente. Cada clic influye en el tipo de Red que construimos. ¿Sabes bien hacia en qué dirección caminas con cada uno de tus clics?
Enviado por Jose Alcántara el 23 de Septiembre de 2011, a las 14:02
Facebook aspira a suplantar Internet, exactamente igual que Google; a canibalizar todo el tráfico que puedan y ofrecerse incluso como el sitio en el que puedes vender tus productos. ¿Cuántos años hace que advertimos de lo pernicioso de dejar de construir tu propio canal de comunicación para usar uno ajeno, controlado por otra persona y/o empresa? En el pasado hemos hablado mucho de sus intentos por ser el nodo central de la Red (por cierto que en el libro sobre la neutralidad de la Red había todo un apartado dedicado a esa sutil forma de pérdida de neutralidad en la Red: la concentración y recentralización de la misma):
Enviado por Jose Alcántara el 8 de Septiembre de 2011, a las 08:32
Enviado por Jose Alcántara el 1 de Septiembre de 2011, a las 12:25
Hace ya muchos meses hablé de The Mongoliad, la nueva novela por entregas de Neal Stephenson que se está publicando sólo para suscriptores recuperando la tradición clásica de las entregas en la que publicaron sus obras, hace ya muchas décadas, escritores venerados como James Joyce (cuyo Ulises se enfrentó a la censura al ser publicado de esta forma).
Enviado por Jose Alcántara el 30 de Marzo de 2009, a las 08:48
Nada define mejor el espíritu de nuestro tiempo que el acceso fácil a la información que nos interesa. Dicen que ésta es la era de la información porque acceder a la misma te da poder y dinero. Eso no es cierto y, si lo fuera, ¡vaya descubrimiento! La información siempre dio poder. Desde los monjes y nobles que aprendían a leer hasta la utilización del acceso a esta información para conocer los aspectos privados de las personas, instituyendo en acto sagrado el contarle al sacerdote del pueblo todos tus secretos, incluso los trapos sucios que no le contarías a nadie. Cuando la iglesia perdió parte de su poder, es reemplazada por la estructura de poder de los Estados-nación, que ocupan su lugar. Éstos pasan entonces a controlar el flujo de la información, aunque de forma distinta: controlando quién puede imprimir libros y panfletos mediante la concesión de licencias estatales (en principio, para censurar las críticas a las monarquías), otorgando monopolios de explotación industrial (patentes), y por último controlando quién tiene derecho a copiar qué (restricción de copia). Este control asegura al Estado el control de la agenda pública, entendida como el conjunto de temas y preocupaciones que centran la atención de la población.
No. Cuando dicen que gracias a la electrónica digital y a internet estamos en la era de la información lo que quieren decir (aunque les de miedo afirmarlo abiertamente) es que estamos en una era en la que los ciudadanos de a pie podemos emitir información. Ésa es la revolución. Las personas anónimas como usted que lee ahora mismo, como yo que escribo estas líneas, podemos transmitir información sin que nadie nos diga qué está bien emitir y qué no. La prueba misma de esta realidad es que están leyendo este post. Los hilos del estado no llegan a cerrar este grifo de comunicación libre y humano, que por tanto camina alejándose de los grandes asuntos de interés geopolítico para impregnarse de cotidianeidad y de todo lo que una vez nos hizo luchar por mejorar nuestras vidas. Al fin, la red está habitada por personas que la van haciendo cada día. Y cuanto más ponen de ellas en la red, cuanto más de personales tienen sus páginas (llamémoslas blogs, si así todos dejan ya de contener la respiración porque en el segundo párrafo aún no he pronunciado la palabra mágica), más se alejan todas las conversaciones ahí contenidas de la agenda pública oficial que nos quieren vender. El camino que nos aleja de esa agenda ajena y nos acerca a nuestro propio mundo y nuestras propias preocupaciones y temas de interés se recorre paralelamente a nuestra capacidad para recibir y emitir información de forma autónoma.