Básicos del mercado laboral

«Imposibilitar o dificultar el despido no crea efectos positivos, sino al contrario. Si los trabajadores saben que no los van a echar, pueden estar rascándose las gónadas tranquilos sin dar palo al agua, mientras chupan del bote. Por otro lado, para intentar evitar eso, las empresas se vuelven extremadamente cuidadosas a la hora de contratar gente: cuanto menos personal mejor (no sea que luego quiera reducir plantilla y me caneen), y mil recelos a la hora de contratar, que sea gente con experiencia y que sea de fiar (¡que si me sale rana no podré echarlo!). Si dificultas el despido, también dificultas la contratación

- marbu, en un comentario que deben leer al post anterior, Estremecerse dirigiendo la vida propia

Y si dificultamos despido y contratación reducimos el flujo, se entorpece el mercado, en último término hay ineficiencias, encasquillamiento (que nos lleva directamente a la aparición de rentas a favor de los contratados, que pueden así vaguear ad libitum quejándose para trabajar menos y ganar más) y dejamos el camino abierto al amiguismo.

Es un enfoque básico, pero ya nos iría mejor si muchas personas que están en posiciones más o menos clave tuvieran las cosas igual de claras que marbu.

Doctor en Química laser. Consultor especializado en gestión de conocimiento con software libre. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red. Fundador de Cartograf.

6 Comments

  1. Bueno, es un enfoque sobre algo que me ha venido muchas veces a la cabeza. Estaría genial el despido libre, pero con una subida del salario mínimo interprofesional del 100%. Otras, creo, buenas medidas: declaraciones de la renta totalmente públicas, poner en conocimiento de todos los salarios de todos los miembros de las empresas, incluídos beneficios no económicos, al igual que las facturaciones, que ya lo son y unas cuantas cosas más, para permitir jugar a todos con las mismas cartas.

    • El salario mínimo debe ser digno, pero subirlo artificialmente (esto es, por encima de mercado) no ayuda en nada si liberalizamos el mercado. De hecho, los salarios en condiciones de despido libre tienden a permitir una menor tasa de ahorro, pero como el mercado tiende a ser más dinámico también pasas menos tiempo en paro. Es el ejemplo básico del modelo estadounidense frente al europeo… una clase obrera más aristocrática pero menos resiliente o una clase obrera menos aristocrática pero más lanzada.

  2. ¿No es contradictorio la imposición de un salario mínimo con la libertad de contratar y descontratar? Totalmente. Porque cuando impones un salario mínimo tiendes a expulsar a quienes tienen poco que ofrecer y su única vía de ganar experiencia, ganarse la vida o generar ahorro es trabajar en lo que sea, así que alimentas la “economía sumergida”. Si pagas demasiado poco el trabajo cualificado la gente encontrará otro rápidamente, todo esto supuesto que no te encuentras ante un monopolio de oferta de trabajo como estaríamos en un cortijo. Eso por no hablar de crear salarios mínimos “morales”, como eso de duplicarlo el cien por cien: ¿por qué el cien y no el trescientos que es mucho más guai y seguro que todo el mundo se compra un sofá nuevo? ¿Y cuál es el salario mínimo digno? No hablaremos ya de inflación, sino que si no es compatible con la productividad real nadie contratará. Así que mejor no queramos hacer economía mágica y premiemos la mejora de todos: la del trabajador que siendo cada vez mejor ante la necesidad de conservar el empleo exigirá más de quien contrata o podrá irse sin rémoras (la legislación española es como el que se compra un piso con hipoteca: toda la vida atado, no vaya a ser qué), y la del empleador, que no puede permitirse que se le vaya quien trabaja bien y debe crear un espacio donde, además, su conocimiento perviva aunque no esté quien lo generó.

    Por otro lado, hay un componente adicional a los incentivos que se crean cuando dificultas el despido: uno tiene derecho a poder elegir con quien colabora, la visión falangista del trabajo que tenemos aquí lo niega. En el caso español la descompensación es tremenda: el trabajador que está en el lado de los fijos aristócratas puede irse si quiere (y como es tan caro echarle, pues hasta trabaja si quiere dicho con mucha simplicación – cumple las directrices como quiere), pero la empresa está atada pues asumir cambios revienta su tesorería. Así que todos en busca del mar menor alimentando la mediocridad como forma de vida. Y quien vive en el espacio del despido libre (los temporales) discriminados permanentemente sea cual sea su productividad, pues nadie quiere que se conviertan en un nuevo lastre potencial.

    Por último está la cuestión de superar este conflicto, que son las vías en las que eres parte de la propiedad y eres considerado como parte del viaje.

    • Plas, plas, plas.

      Sólo un aporte, salario digno es aquel que dignifica. Como tienes razón cuando dices que son aristócratas, no creo que soporten la indignidad. Así, se quejen o no, todo el que por la mañana decide que va al curro, ni siquiera al trabajo sino al curro, en lugar de ponerse de inmediato a buscar/fabricar/construir una alternativa es porque tiene un trabajo digno, aunque quiera ganar más trabajando menos.

      Y, no puedo sino aplaudir la vía de superación del conflicto: ser parte de la propiedad, ser parte del viaje, ayuda a entenderlo todo :)

  3. @Gonzalo:

    “y la del empleador, que no puede permitirse que se le vaya quien trabaja bien y debe crear un espacio donde, además, su conocimiento perviva aunque no esté quien lo generó.”

    Diciendo esto das a entender que el empleador valora y premia a quien trabaja bien, pero lo que yo veo es que los que más suben generalmente no son los mejores, sino los mediocres/malos que el jefe quiere quitarse de encima, y los que se quedan en el mismo sitio durante años son los buenos que el jefe quiere conservar porque puede aprovecharse de todas sus capacidades. La patada para arriba, vamos.

    Un saludo

  4. El salario mínimo se impone gracias a la organización de los trabajadores: es decir, lo trabajadores, venden su fuerza de trabajo a un mínimo que ellos mismo han elegido, y, creo, que no es incoherente con la teoría de mercado libre, que vosotros proponeis, hacerlo de tal manera: como el vendedor vende su producto, también, al precio que quiera. Otra cosa es que el Estado (en un acto final de demagogia) imponga esto por ley. Si no existiera el Estado, y los trabajadores se organizaran libremente, no dudeis que el salario mínimo sería mucho mayor que de ahora: hasta casi dejar el capital variable a cero, habría que ver si llegaría en ese momento un mundo de empresas sin trabajadores asalariados, es decir, un mundo de coperativas: un mundo de files. Sería muy deseable, yo, desde luego, lo dudo.

    Ps: Llevo siguiendo tu blog desde hace mucho tiempo (y es muy bueno por cierto): has cambiado mucho desde que citabas a juan torres. No digo que sea malo ni bueno ¡ojo!

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