No con mi contraseña

«La confianza es relativa, fluida y multidimensional. Confío en Alice para que devuelva un préstamo de 10 dólares pero no uno de 10.000, en Bob para que devuelva un préstamo de 10.000 dólares pero no para que cuide a un bebé, en Carol para que cuide a un bebé pero no para cuidar la llave de mi casa, en Dave para que cuide mi casa pero no mis secretos íntimos, y en Ellen confío para que guarde mis secretos íntimos pero no para que devuelva un préstamo de 10 dólares. Me fío de Frank si un amigo lo avala, de un taxista en tanto me muestre su licencia y de Gail con tal de que no haya estado bebiendo. No confío a nadie la contraseña de mi ordenador

- Bruce Schneier, en Liars & Outliers.

¿Ha quedado claro?

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Enviado por Lluís (no verificado) el 4 de Marzo de 2012, a las 13:12

Parece mentira el hecho de que, a pesar de estar conectados hasta las cejas, los mecanismos que rigen nuestra vida digital siguen siendo los mismos que usaríamos si comprásemos en un mercado persa.
El problema es que mucha gente cree que por pagar, o por trabajar con una herramienta corporativa, puede depositar su confianza alegremente en desconocidos, con sus oscuras prácticas o sus oscuros intereses. Lamentablemente, la ignorancia o el exceso de buena fe de las gentes las lleva a ponerse la soga al cuello en aras de la usabilidad, la facilidad o una falsa sensación de seguridad que no es tal.

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Enviado por Jose Alcántara el 7 de Marzo de 2012, a las 20:22

Sí, cuando leo que entre adolescentes eso de pasarse las contraseñas es una demostración de confianza y amor verdaderos (¡!¡!¡!) me dan ganas de gritar o algo. Creo que en algún momento entre los 90 y ahora se rompió la cadena de la alfabetización digital básica, pero básica básica, como esa de que PIN significa número personal e intransferible y ese tipo de cosas. Con las contraseñas, igual: un poco de prevención contra la ingeniería social ahorraría más disgusto (y posiblemente, más dinero) que muchas otras cosas...

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Enviado por timidín quinasa (no verificado) el 8 de Marzo de 2012, a las 14:49

Aún así, las contraseñas siempre se pueden cambiar si la cosa se tuerce.
Los secretos íntimos, etc. no (aunque si guardas secretos íntimos con una contaseña ambas cosas pueden tener significados intercambiables).
Yo creo que no sería tan radical como Schneier y opino que la clave está (siempre que se pueda, claro) en evitar la sobreexposición ( ;-) ), que es más difícil de revertir.

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